Vamos al grano: hay prácticas que no solo suben la temperatura, sino también tu autoestima. Y el queening es una de esas joyitas que mezclan placer, poder y un poquito de travesura. Si no sabes de qué va, prepárate, porque esto te va a poner… muy curiosa.
Spoiler: sí, se trata de sentarte en su cara. Literalmente. Y no, no estás exagerando si te sientes como Beyoncé en un trono. Vamos a contártelo todo para que lo disfrutes como la diosa que eres.
¿Y esto del queening qué es?
El queening es cuando una mujer (o persona con vulva) se sienta sobre el rostro de su pareja para recibir sexo oral. Así, sin rodeos. El nombre viene de “queen” (reina, por si no dominas el inglés de cama), y tiene todo el sentido: tú arriba, tú al mando, tú brillando.
Puede tener un rollo dominación, sí… pero también puede ser puro disfrute sin etiquetas. Lo importante aquí es: tú decides, tú mandas, tú gozas.
¿Por qué se llama así? Porque eres la reina del momento
Te sientas. Te acomodas. Y tu pareja, encantada de ser tu trono humano. ¿Hay algo más poderoso que eso? Pues pocas cosas. Aquí no se negocia: el placer es para ti y tú decides cuánto, cómo y hasta cuándo.
Y sí, también puedes soltar un “¡A sus pies, plebeyo!” si te va el drama teatral. No juzgamos.

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¿Por qué el queening lo está petando?
✔️ Placer premium
Tú controlas el ángulo, la presión y el ritmo. ¿Quieres más roce? ¿Menos? ¿Cambio de marcha? Lo tienes todo bajo control.
✔️ Subidón de autoestima
Hay algo mágico en dejar que te adoren. El queening te conecta con tu cuerpo y te recuerda que el placer no solo se recibe… se exige (con amor, eso sí).
✔️ Conexión brutal
No solo es físico. La sensación de tener a alguien tan cerquita, tan dispuesto y tan entregado puede ser profundamente emocional (y súper hot, obvio).
¿Cómo se hace sin acabar en urgencias por tortícolis?
- Habladlo antes
Un simple: “¿Te gustaría que me siente en tu cara?” puede abrir la puerta al paraíso. Eso sí, aseguraos de que ambas partes están cómodas con la idea. Y si hace falta, tened una señal de “¡pausa!” por si uno se queda sin aire. - Elige el lugar con cabeza (y cuerpo)
Puedes hacerlo en la cama, en el sofá, en una silla robusta o donde tu trono lo permita. Asegúrate de que tu pareja esté bien apoyada: cuello firme, cabeza segura y disposición celestial. - Posturas que lo petan
- Sentada sobre su cara, con las piernas a los lados (de frente o de espaldas, según el mood).
- De rodillas, apoyándote en el cabecero o en sus manos si hace falta.
- Con cojines, para nivel pro en comodidad y resistencia.
- ¿Y el peso?
No te rayes. Puedes apoyar parte del peso en los muslos o las manos. Pero, amiga, no te disculpes por tener cuerpo. Si tu pareja quiere estar ahí, es porque lo desea. Confía.

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¿Y si me da vergüencita?
Normal. Pero… ¿y si te atreves? El queening es como el sushi: la primera vez impone, pero luego quieres repetir. Si no estás acostumbrada a que te pongan en un pedestal (literal y figurado), esto puede ser un chute de amor propio brutal.
Porque sí: tu vulva merece ovación de pie. O mejor dicho… de cara.
Consejitos para una sesión de realeza
🧼 Higiene first: una duchita siempre viene bien para sentirte más segura.
🛋 Cojines, tus aliados: para ti y para quien recibe.
🎶 Ambiente on point: música suave, luz bajita… o lo que os ponga.
💦 Lubricante si lo necesitas: ya sea natural o de botecito, lo que cuente es el confort.
🔋 Juguetitos extra: un vibrador externo puede llevar la cosa al Olimpo.
🌈 ¿Solo para personas con vulva?
¡No, reina! Aunque el término queening está vinculado a vulvas, hay dinámicas similares para otras anatomías (como el kinging, sí, también existe). Al final, el rollo es: alguien se sienta, alguien disfruta, y todos felices.
En resumen…
El queening no es solo una práctica sexual. Es un ritual de poder, de goce y de dejar que te adoren como te mereces. No necesitas lencería de encaje ni un látigo (aunque si los tienes, tampoco estorban): solo necesitas ganas de ser el centro del universo por unos minutos.
Porque si te vas a sentar… que sea con estilo y con todo el derecho del mundo.

